viernes, 27 de junio de 2014

¿Qué te parece terriblemente erótico?



“Siéntete libre de adormecer tus pechos sobre mi espalda. Despreocúpate del peso, la suave presión que ejerce cada fragmento de tu anatomía sobre mí es bienvenida siempre que tus dedos sigan jugueteando con las cicatrices en mis costados. Quiero que tu cabello de nube rosácea al ocaso me haga cosquillas cada vez que cambies la dirección donde tu perfil se fija en el infinito de la habitación a oscuras. Si no puedes conciliar el sueño, repta sobre mí con perezosa sensualidad hasta sentir tu aliento sobre mi oreja, quizás te atrevas a confesar algún secreto sucio; ahora que no puedo verte. Desearía que abarcaras con tus muslos marmóreos mis costillas, mientras me besas la nuca de esa forma deliciosa que ofusca mis sentidos; tu arte indescriptible para atormentar mi calma. Pero, por los momentos, es mejor así: no despiertes el hambre satisfecha de segundos atrás, es preferible que descansemos…, me lo dice tu respiración que se hace más pausada y tus dedos meciéndose lentamente hacia la quietud. Dormiré sabiendo que tu mejilla sobre mi omóplato no intuye- siquiera imagina- qué clase de cosas perversas jugaría contigo si mi pecho se encontrara aprisionando al tuyo y yo, yo no estuviera abandonándome a las exigencias del cansancio.”


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Considero terriblemente erótico esos momentos posteriores al orgasmo en que te enternece acariciar, besar y reptar sobre la carne que, sólo hacía unos momentos, acababas de poseer a plenitud. Es como la gula después de un gran festín, pero estás tan cansada que te conformas con abrazarte al otro (o a los otros, por si acaso) y dormirte fantaseando con la mezcla confusa entre lo que pasó y lo que te gustaría que pasara la próxima vez.

 (Después de ésta respuesta a cierta pregunta de Ask.fm, creo que me veo en la obligación moral para con mi persona de publicar esto en un blog. O de buscarme un polvo. O ambas cosas; lo que surja primero).