viernes, 27 de junio de 2014

¿Qué te parece terriblemente erótico?



“Siéntete libre de adormecer tus pechos sobre mi espalda. Despreocúpate del peso, la suave presión que ejerce cada fragmento de tu anatomía sobre mí es bienvenida siempre que tus dedos sigan jugueteando con las cicatrices en mis costados. Quiero que tu cabello de nube rosácea al ocaso me haga cosquillas cada vez que cambies la dirección donde tu perfil se fija en el infinito de la habitación a oscuras. Si no puedes conciliar el sueño, repta sobre mí con perezosa sensualidad hasta sentir tu aliento sobre mi oreja, quizás te atrevas a confesar algún secreto sucio; ahora que no puedo verte. Desearía que abarcaras con tus muslos marmóreos mis costillas, mientras me besas la nuca de esa forma deliciosa que ofusca mis sentidos; tu arte indescriptible para atormentar mi calma. Pero, por los momentos, es mejor así: no despiertes el hambre satisfecha de segundos atrás, es preferible que descansemos…, me lo dice tu respiración que se hace más pausada y tus dedos meciéndose lentamente hacia la quietud. Dormiré sabiendo que tu mejilla sobre mi omóplato no intuye- siquiera imagina- qué clase de cosas perversas jugaría contigo si mi pecho se encontrara aprisionando al tuyo y yo, yo no estuviera abandonándome a las exigencias del cansancio.”


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Considero terriblemente erótico esos momentos posteriores al orgasmo en que te enternece acariciar, besar y reptar sobre la carne que, sólo hacía unos momentos, acababas de poseer a plenitud. Es como la gula después de un gran festín, pero estás tan cansada que te conformas con abrazarte al otro (o a los otros, por si acaso) y dormirte fantaseando con la mezcla confusa entre lo que pasó y lo que te gustaría que pasara la próxima vez.

 (Después de ésta respuesta a cierta pregunta de Ask.fm, creo que me veo en la obligación moral para con mi persona de publicar esto en un blog. O de buscarme un polvo. O ambas cosas; lo que surja primero).




viernes, 20 de junio de 2014

¿Existen las leyes en la Naturaleza?

        



     "Existen los fenómenos naturales, pero el concepto de Ley es una abstracción para conceptualizar sus observaciones. La observación anterior, cómo no, recibió críticas notables de una estudiante de primer año de Sociología en la Universidad Central de Venezuela (UCV): 

       "Si para Einstein todo es relativo, significa que no hay una verdad absoluta, sino verdades relativas que vienen condicionadas por las circunstancias de cada individuo y su entorno. Es decir,  ¿qué te dice a ti que un experimento que se hace en la Luna se cumple igual en Marte? Esto quiere decir que depende de las condiciones en las que se realice, dando a entender que es relativo."

        A los científicos también les preocupa la verdad; son humanos. No obstante, se diferencian del resto de las personas en que su duda es metódica, y paso a paso buscan rellenar un amplio "cuestionario": el cómo, el porqué, el cuándo, en qué condiciones, con qué frecuencia, para qué, etc. Sólo cuando han satisfecho hasta el más nimio detalle dichas preguntas, pueden, si son lo suficientemente atrevidos; afirmar que poseen algo similar a la verdad.
       A mi juicio, la diferencial radical entre Filosofía y Ciencia, es que la primera es inminentemente ontológica, mientras la segunda es epistemológica. Donde en la Filosofía hay incertidumbre, confusión, tesis y antítesis; en la Ciencia se busca el consenso general de la comunidad científica, aplicando criterios de duda muy similares a los planteados por Descartes, pero con mayor rigurosidad.
               La ciencia tiene su relativismo, es indudable, pero obedece a la necesidad del científico: él debe mostrarse con la misma flexibilidad, creatividad y confianza que un pintor, sin embargo, los hechos y, más que los hechos; las observaciones en las que y con las cuales trabaja deben sostenerse en principios, leyes, comprobaciones experimentales, condiciones, modelos y síntesis del conocimiento preexistente; con la novedad potencial del descubrimiento como camino más que como fin.
           El Sistema es la construcción del hombre para englobar, clasificar y partir de un enfoque. Como construcción, se rige por lo observado; medido y cualificado debidamente, el consabido consenso científico y la capacidad de abstracción de la humanidad. Sin embargo, y muy a pesar de la apariencia ontológica de conceptos como "tiempo", "espacio", "movimiento" y "límites"; los paradigmas en los que se fundamenta la Ciencia, no se renuevan por el capricho de los autores, todo lo contrario, srugen del paso platónico de opinión ("doxa") a conocimiento ("epísteme").

        Lo intrínsecamente genial de la Ciencia, es que los paradigmas obedecen a modelos que se plantean según un enfoque sistémico, siempre cambiante a medida que crece nuestro acervo cultural.

              La ciencia no retrocede; se revisa, adapta y crece. Ésta es una máxima tan inexorable como la Ley de Gravedad, y a su vez dicha construcción sea fenómeno, abstracción o ambas cosas, es irrebatible: todo lo que sube, tiene que bajar. Y cuando no es así, entonces la mano misteriosa de Dios nos saluda desde el escenario."

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A grandes rasgos, mi ponencia sui generis para una clase de Teoría Social a la que estoy invitada el lunes, en la Escuela de Sociología de la UCV. Espero que todo me salga lo más redondo posible, y contar con una buena argumentación para sustentar lo que, a mi parecer, es una muy buena explicación para entrar en contexto histórico con lo que significó la Modernidad.

Todavía estoy afinando detalles, y aspiro a completar la lectura de cierto libro, pero estoy bastante confiada.

¿Quién no lo está, tras el semestre más largo y horrible de la Licenciatura en Geoquímica?

(Sé que dije que no iba publicar más hasta que acabara el Mundial Brasil 2014, pero he decidido ver únicamente los partidos que son de mi interés inmediato, en lugar de los que me"agarraran de paso" en determinadas circunstancias. Tengo tantas cosas que hacer y muy poco tiempo como para estar de troglodita cantando "gol" todo el santo día. ¿Ven que soy una persona responsable y productiva?)



domingo, 15 de junio de 2014

Hasta que el campeón surja del Amazonas.





Lo admito. El fútbol puede conmigo. Me hipnotiza patada a patada, de cabezazo en cabezazo... no puedo evitarlo: grito, maldigo, me río, aplaudo, celebro. No lloro porque es una fiesta continua, jamás el sepelio que ven algunos. Y mucho menos, la excusa barata de nacionalismo que buscan ciertas personas, aunque he de admitir que himno, escudo y bandera tienen aires de liturgia. Sin embargo, lo siento tan apasionadamente que no puedo hacer otra cosa más que decirme: esto acaba en minutos; es transitorio, tómalo con calma. 

¿Cómo puedo tomarlo con calma si los titanes recorren el valle entorno; imparables en su sed de victoria?

No puedo calmarme, y me disculpo por la efusividad.  Es mi forma particular de alineación, solo equiparable al delirio religioso de los cantos gospel. Así, tal como lo leen.

Gritar gol saca tantas cosas del pecho.

(He de decir, que hasta que el Mundial no acabe, el blog permanece inactivo.)