lunes, 15 de agosto de 2011

¿Estás viviendo tu sueño?


 He querido escribir esta carta millones de veces, sin embargo, el temor no me ha dejado saber cómo iniciarla. ¿Temor a qué, te preguntarás? Pues, el temor a que no haya nadie a quién enviársela, a que ya tú no existas. Porque el tiempo nos cambia, y nada nos garantiza que seguiremos siendo los mismos al cabo de uno años, unos meses, unas pocas horas que podrían modificar todo lo que fue nuestro ser hasta hacía unos pocos momentos. La vida continuó, la tierra ha completado varias veces su ciclo al rededor del sol. Tú no has vuelto y yo, estúpidamente, con la esperanza por encima de la razón, te sigo esperando.

 Aún tu recuerdo perdura, cual película en su interminable función en mi mente. Proyecta imágenes de los paseos a la orilla de río, la contemplación de las estrellas en el cielo sin contaminar de este -nuestro- pequeño pueblo, las conversaciones infinitas, las risas. Tu llanto a la hora de decir a adiós, en pos de tus sueños. Las grandes ciudades te llamaban la atención, parecía que las luces en los altos rascacielos te hipnotizaran. Como una planta carnívora y un insecto.

 Es patético que esté escribiendo esto y que mientras lo hago llore. Esta carta, estas palabras llenas de sentimientos y todo lo que nunca te dije, no tiene un destinario: hace demasiadas lunas que te abstuviste de enviarnos noticias tuyas. Como una trampa, un hechizo, la vida citadina te tragó y borró de tu corazón nuestros nombres, los de tus familiares y amigos, los que te amábamos. O mejor dicho, yo todavía te amo. Amo a aquella chica que paseaba a mi lado por estos valles perdidos en la montaña, por este paraíso oculto al que abandonaste. O puede que solo ame a tu recuerdo, porque tú hayas dejado de existir.

 Sin embargo, todavía tengo la vaga esperanza de que no me hayas arrojado al olvido, junto con todas aquellas memorias de nuestro tiempo juntos. Qué recuerdes mi nombre, qué recuerdes el beso bajo las estrellas. Deseo que recuerdes que alguna vez me amaste con la misma intensidad con la que yo te sigo amando. Pero sobre todas las cosas, deseo que estés cumpliendo tus sueños, y te pregunto, aunque nunca contestes, mientras  yo vivo la pesadilla de despertar cada día sabiendo que no volverás..., ¿estás viviendo tu sueño?

Siempre tuyo, Étienne.