viernes, 26 de agosto de 2011

Mi Perdida Criatura



Recorriendo un solitario camino, veo tu sombra contraerse en puro dolor y tus estigmas sangrar en medio de la nada. En la desolación, escucho tus gritos arrojados al desierto- eco mental, tortura silente-, y el viento anunciando tormentas de polvo, no los arrastra. Al cabo de pocos kilómetros tu desesperación se convierte en murmullos, corazón. Puede más que la voz la sed de tu garganta, ya el caminar es mecánico, como si otra fuerza, otra alma, otra voluntad empujara los músculos desgarrados, los huesos que crujen a cada paso y la piel ardiente bajo el sol. ¿Qué camino has de recorrer, qué sendero encontrarás en las colinas de arena, qué norte o sur, dónde piensas hallar refugio en este infierno de polvo infinito?
Y a pesar del calor abrasador que te recorre como fuego, del final sin final de tu camino, de todo el sufrimiento…prefieres la infinidad de las arenas. ¿Por qué, mi perdida criatura? Porque, si miras hacia adentro, sentirás frío. Te congelarías en las mismas llamas del Averno por lo gélido que es tu corazón.


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Este relato, originalmente sin nombre, consiguió uno gracias a Labyrinth de Oomph!.

¿Qué les parecería si mi heterónimo, Mister Katcandy, de vez en cuando escribiera una entrada en el blog? Sería interesante tener a un gato tuerto y rosado adicto a los dulces haciendo parrafadas sobre su vida en nuestro mundo.

Besos a todos.



martes, 16 de agosto de 2011

Nevermore


Tardes negras que se disfrazan con un último suspiro cargado de desesperanza.Voces del ayer gritan pesadillas escritas en frágil papel cuya tinta mancha todo con oscuros hoyos donde hundirse en miseria. Es indeleble, no puedes borrar aquel último "adiós" de tus diarios de sueños rotos. Recuerdas lo bueno, porque es muy difícil, doloroso, rememorar los tragos amargos de ese idilio, camino del sufrimiento, estigma de tu alma. Labios susurrrando incoherencias, un nombre que quema como el alcohol a una herida abierta, como la de aquel pecho que sangra lágrimas de agonía. El frío, la soledad, un mero remolino que se va transformando en un huracán de desesperación. Otro suspiro, un nuevo recuerdo. De aquel poema de un cuervo. "Nunca más", y tú agregas llorando "Nunca más, conmigo"

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Deben admitirlo:  les encanta leer mis textos depresivos. Y sobretodo cuando pongo protagonistas con escasa ropa y una referencia literaria tan evidente que deberían colgarme. 

Besos de neón





Army of Me by Björk




Stand up
You've got to manage
I won't sympathize
Anymore

And if you complain once more
You'lll meet an army of me

You're alright
There's nothing wrong
Self sufficience please!
And get to work

And if you complain once more
You'll meet an army of me

You're on your own now
We won't save you
Your rescue squad
Is too eshausted

And if you complain once more
You'll meet an army of me


Vídeo aquí



lunes, 15 de agosto de 2011

¿Estás viviendo tu sueño?


 He querido escribir esta carta millones de veces, sin embargo, el temor no me ha dejado saber cómo iniciarla. ¿Temor a qué, te preguntarás? Pues, el temor a que no haya nadie a quién enviársela, a que ya tú no existas. Porque el tiempo nos cambia, y nada nos garantiza que seguiremos siendo los mismos al cabo de uno años, unos meses, unas pocas horas que podrían modificar todo lo que fue nuestro ser hasta hacía unos pocos momentos. La vida continuó, la tierra ha completado varias veces su ciclo al rededor del sol. Tú no has vuelto y yo, estúpidamente, con la esperanza por encima de la razón, te sigo esperando.

 Aún tu recuerdo perdura, cual película en su interminable función en mi mente. Proyecta imágenes de los paseos a la orilla de río, la contemplación de las estrellas en el cielo sin contaminar de este -nuestro- pequeño pueblo, las conversaciones infinitas, las risas. Tu llanto a la hora de decir a adiós, en pos de tus sueños. Las grandes ciudades te llamaban la atención, parecía que las luces en los altos rascacielos te hipnotizaran. Como una planta carnívora y un insecto.

 Es patético que esté escribiendo esto y que mientras lo hago llore. Esta carta, estas palabras llenas de sentimientos y todo lo que nunca te dije, no tiene un destinario: hace demasiadas lunas que te abstuviste de enviarnos noticias tuyas. Como una trampa, un hechizo, la vida citadina te tragó y borró de tu corazón nuestros nombres, los de tus familiares y amigos, los que te amábamos. O mejor dicho, yo todavía te amo. Amo a aquella chica que paseaba a mi lado por estos valles perdidos en la montaña, por este paraíso oculto al que abandonaste. O puede que solo ame a tu recuerdo, porque tú hayas dejado de existir.

 Sin embargo, todavía tengo la vaga esperanza de que no me hayas arrojado al olvido, junto con todas aquellas memorias de nuestro tiempo juntos. Qué recuerdes mi nombre, qué recuerdes el beso bajo las estrellas. Deseo que recuerdes que alguna vez me amaste con la misma intensidad con la que yo te sigo amando. Pero sobre todas las cosas, deseo que estés cumpliendo tus sueños, y te pregunto, aunque nunca contestes, mientras  yo vivo la pesadilla de despertar cada día sabiendo que no volverás..., ¿estás viviendo tu sueño?

Siempre tuyo, Étienne.




domingo, 14 de agosto de 2011

Promesas





El tiempo, el tiempo pasa muy lentamente cuando se sufre, pensó Caín. Extendió sus manos enguantadas hacia adelante y las observó detenidamente, preguntándose si había un Dios que las condenaría al fuego del Infierno. Después, decidió que no era así, tras recordar los acontecimientos de hacía dos años. Definitivamente no podría haber peor Infierno que ese, grabado a fuego en su alma para el resto de sus días. Giró sobre sus talones y se enfrentó a la mirada pérdida y nostálgica de Leiv, repentinamente irritado ante la idea de que tendría que ensuciar sus nuevos guantes con la sangre de ese imbécil atado a la silla.

-Dime,Leiv, ¿qué parte no entendiste de nuestro acuerdo?¿No te dije, hace ya dos años, que nunca, nunca, y bajo ningún momento debías volver a aquel lugar?

Caín percibió la rabia silenciosa, el odio contenido en su interior en la fracción de segundo que tardó Leiv en sostenerle la mirada antes de desviarla con desdén e indiferencia hacia el suelo.

-Persistir en tu obstinación de no hablar no nos llevará por ningún camino.- afirmó Caín sintiendo cómo lo último que quedaba de sus paciencia se volvía pedazos. Entonces, asestó un fuerte puñetazo en la queijada de Leiv, provocando que este escupiera algo de sangre.
-¡Acaso no hicimos un juramento,miserable!- Caín notó que su voz se elevaba y se empapaba del desprecio que sentía por Leiv.
-Lo que hicimos fue injusto, ella no merece eso,Sa...- eran las primeras palabras que decía en toda la noche. Ya lo habían golpeado lo suficiente los gorilas descerebrados de Caín, pero no había dicho nada antes de que su jefe llegara porque le correspondía razonar con ese canalla, no con sus esclavos.

No te atrevas, pensó Caín, no digas su nombre. Esta vez le dio una patada lateral directo al estómago, provocando que un grito ahogado escapara de su garganta.

-¡Ni se te ocurra decir su nombre, pedazo de mierda! ¡Lo que acordamos era lo mejor para los vivos, deja en paz a los muertos!

Leiv le sostuvo la mirada, ensangrentado y adolorido como estaba y, sin embargo, sintiéndose en una posición más elevada con respecto a su torturador: él reconocía su error y estaba dispuesto a enfrentar las consecuencias, mientras Caín era presa de los remordimientos, si bien se resistía a enmendar sus acciones por medio de una única cura: la verdad.

-Saray.-pronunció el nombre sintiendo que le quemaba las entrañas, con un fuego más doloroso que todas las heridas abiertas en su carne- Saray nos amaba, Caín. Y le pegamos dándole una muerte que no merecía, enterrándola en ese bosque, haciendo que su familia sufra ante la idea de su desaparición y se marchiten en las vanas esperanzas de encontrarla algún día.
-¡Todo fue tu culpa!¡Esa bala era para ti, y tú, tú permitiste que ella se interpusiera!Tú tenías que morir, pero todavía hoy me veo atado a sus últimas palabras, dejando que respires, que camines entre los vivos mientras ella se pudre en una sanja...
-¿Y no recuerdas de quién fue el disparo, eh? Todo comenzó por tus celos, no soportabas la idea de que ella y yo deseáramos escapar de la banda, dejando atrás tanta violencia y muerte, así que nos engañaste, nos llevaste a ese lugar y luego esperabas ejecutarme frente a sus ojos.

Caín lo miró sorprendido. Sabía de los sentimientos de Saray hacia Leiv, sentimientos que hasta el momento en que esos dos se miraron a los ojos le pertenecían totalmente. Pero nunca imaginó que la traición de ambos llegaría lo suficientemente lejos como para tener deseos de irse de la banda. En ese momento, reveló el cuchillo y lo apretó con fuerza en el puño a la vez que contenía las lágrimas que nunca había llorado

-¿Vas a matarme, me dejarás reunirme con aquella a quien asesinaste?- preguntó Leiv interrumpiendo las dolorosas memorias.

Caín lo miró fijamente. Sacó su navaja afilada y se acercó a la silla. Leiv respiró profundo y cerró los ojos, esperando el momento en que la hija haría su danza lenta por su garganta y la sangre mancharía los jirones en los que se había convertido su ropa tras la golpiza. Pero eso no ocurrió.

- Ya desaté la cuerda. No romperé la promesa que le hice antes de que muriera, ni aunque te merezcas mil muertes.

Leiv sintió la circulación fluir libremente. Miró con sorpresa y receló a Caín.

- Vete antes de que me arrepiente. Y ni se te ocurra, volver a llevarle flores.
-¿Por....qué...?- preguntó Leiv confundido.
-¿Por qué? Porque es una zona muy transitada y dejar flores allí es una idiotez que ningún guardabosques dejará pasar por alto. No quiero enterarme de que hay averiguaciones.
-No, Caín, lo que quiero decir es por qué me liberaste.

Caín miró a un punto cualquiera de la pared y guardó el arma.

-Leiv, seré un cabrón,un asesino, un ladrón, la peor escoria humana..., pero, yo siempre cumplo mis promesas.
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  ¿Quieren sembrar el caos y la anarquía mientras caminan por la ciudad? Compren un globo de helio y sonrían todo el trayecto. Ya lo comprobé el viernes.

Besos, y gracias por ser 127 rosas negras.