martes, 28 de diciembre de 2010

One Hundred Bullets

Les escuchaba. En sus pesadillas, cuando estaba despierta, en el límite que separa la realidad y la fantasía y que ya era tan poco claro como su provenir. Sobrevivir, más que una palabra, era una meta dificultosa. Cargó el arma rezando porque no la escucharan haciendo aquel pequeño movimiento que salvaría su vida. Porque ellos eran cada vez más, eran rápidos y fuertes. Bestias. Hambrientas de vidas que escaseaban mientras sus aterradoras sombras se extendían. Y no solo eso: Seirene sabía que le quedaban unas pocas balas. En su desesperación no creyó ver la diferencia entre una bala o cien: se encontraba sola, asustada y con una herida grande en el brazo que apenas podía cubrir con un pedazo sucio de tela arrancada de su camisa. Sus ojos escrutaban en todas direcciones, intentando no dejarse engañar por el pánico o por las luces que parpadeaban en el supermercado.

Miró en varias direcciones y con el arma en alto se dirigió al Pasillo Nº10, algo más calmada porque rellenar su mochila con varias telas gruesas amortiguaba el ruido de la comida y otros productos que llevaba dentro de ella. Ese lugar era de los pocos que todavía conservaban algo en sus estanterías, todo los demás generalmente o eran sitios muy peligrosos- como este- o habían sido saqueados por grupos de supervivencia. Y es que para ella, no era fácil intentar sobrevivir sola, pero conocía las desventajas que representaban para una chica joven y no tan fuerte entrar en un grupo de mercenarios que quizás no habían visto una mujer en mucho tiempo. No, ni loca buscaría ese tipo de ayuda. Prefería ir por las calles llenas de peligros y desiertas de la ciudad sin tener a alguien que cubriera sus espaldas a convertirse en un juguete sexual.

Recordó el camino a seguir para llegar a la salida, tarea bastante costosa en un lugar tan mal iluminado. Un olor fuerte llegó hasta ella, uno que conocía muy bien y se preparó para encontrar un cadáver despedazado al doblar hacia el pasillo siete. No le temía a los cuerpos, es decir, a aquellos que no se movían, pero su miedo se debía algo más: se veía fresco, muerto tal vez un par de horas atrás, lo que ella levaba allí adentro. Un hombre, cuarentón, bien armado, con muy mala suerte y  abierto como si se tratara de una autopsia. Solo que sin órganos que examinar, o al menos la mayor parte de ellos. Trastabilló, y se sujeto de un estante oxidado que tembló dejando caer varias latas en un estrépito. Tardó unos segundos en levantarse sin dejar de ver la comida para perro que la había delatado.

"Vamos, Seirene, o apuntas o mueres". Los pasos, acelerados, ligeros, mortales. El hedor a muerte, las manchas de sangre resbalando como una cascada por sus labios pequeños y azulados. Los dientes como cuchillas asomándose en una mueca animal, ojos vacíos de color enfocados en la presa que intentaba prever sus movimientos ágiles en la oscuridad. La piel cayendo, descomposición irreversible, en un cuerpo tan joven. Los que parecían niños eran los más difíciles de matar. Seirene no perdió la calma. La vista fija, la sonrisa de decisión:

- Muere, maldito engendro.

Pero en el momento en que la pequeña bestia daba su salto final hacía ella, antes de que jalara el gatillo Seirene reconoció el cabello opaco, la nariz, esas manos delicadas convertidas en garras y entonces disparo dos veces: la primera para matar y la segunda para que el sonido la sacara del hechizo de un recuerdo lejano.

Antes de salir corriendo, vio por última vez el rostro del monstruo que mató. Escuchó otros ruidos, pasos más pesados, eran adultos y no contaban con el peso de los pequeños. Había gastado dos de sus cien balas en matar a lo que una vez fue su hermano.

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He estado pensando y he llegado a la conclusión de que Seirene todavía tiene mucho que vivir antes de que se le acaben sus otras noventa y ocho balas. Hace mucho que quería escribir un relato corto de apocalipsis zombie, un tema que me fascina, pero no se me ocurría nada que no estuviera demasiado trillado. Seirene no será una heroína a lo Resident Evil que tendrá siempre armas disponibles o contará con la ayuda de gente desinteresada y amigos superheroicos. Nada que ver. Tiene un par de horas, una pistola y muchos demonios internos que afrontar a demás de los que la rodean. ¿Sobrevivirá o no? Quién sabe. Me gustan los héroes sin poderes, pero no los finales felices...

 No he podido terminar de escuchar Cannibal ya que no me dio la gana. Preferí optar por algo más calmado- por ahora-, como Alice In Chains. Mmm, espero que no se hayan dado cuenta de que es el segundo relato en el que mato a un niño en lo que llevamos de mes.

Estoy trabajando en la historia de Mister Katcandy, pero quiero aclarar que va a ser más o menos al estilo de Alice In Nightmareland: humor negro, absurdo y temas políticamente incorrectos. Aunque todo ligeramente "suavizado" con azúcar.

Besos de neón.