sábado, 4 de diciembre de 2010

Clockwork Orange



Sinopsis:

Gran Bretaña, en un futuro indeterminado. Alex (Malcolm McDowell) es un joven hiperagresivo con dos pasiones: la ultraviolencia y Beethoven. Es el jefe de su banda, los drugos, que descargan sus instintos más violentos pegando, violando y aterrorizando a la población. Cuando esa escalada de terror llega hasta el crimen, Alex es detenido y, en prisión, se someterá voluntariamente a una innovadora experiencia de reeducación que pretende anular drásticamente cualquier atisbo de conducta antisocial.

Opinión personal:

 Cautivadora, impactante, no puede dejar a nadie indiferente. Alex , con su voz infantil de niño que nunca ha roto un plato, su mirada maliciosa y sus sorprendentes acciones,  lo han convertido en uno de los personajes más icónicos del cine.  Es un antihéroe, malvado , cruel y sarcástico, pero aún así hace que el espectador se sienta atraído por él, que le simpatice. Las imágenes son fascinantes, desde el club láctico ( sería interesante tomar una leche con tantos drogas) con sus mesas de mujeres en  tan curiosa posición hasta la estética de Axel y sus droogs (su pandilla de delincuentes) un poco Chaplin y  que a su vez recuerda bastante a la de un psicópata ( nunca mejor dicho).  Podría decirse que la película se divide en dos partes: la primera, Alex cometiendo sus fechorías, violando y golpeando con su imborrable sonrisa y, la segunda, nuestro protagonista o "humilde servidor", como le gusta llamarse, convertido en víctima de un sistema que lo condiciona cruelmente a que rechaze el sexo y la violencia, pero lo condena a la incapacidad de defenderse de quienes abusan de él.  Algo imperdible: la música de Beethoven, con la rabia y el sufrimiento de autor que va perfectamente de la mano con el de su más sádico fan, Alex.

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Mi hermana, recien mudada a Zaragoza, España, fue a París en estos días y me envió con mucho amor las fotos. No pueden imaginar las lágrimas que derrame entre la felicidad que me produce verlos tan alegres a ella y a su esposo, y los deseos que siento de estar ahí, en la Ciudad Luz, mi más grande sueño. He vivido relativamente poco, pero si tengo un sueño constante, que nadie puede borrar de mi corazón, es ir a vivir a Francia. Mucho tiempo invertido estudiando el idioma, enamorándome de libros con las descripciones de sus calles, plazas y vitranas, aprendiendo hasta el más absurdo e insignificante dato de historia de esta nación, todo para que algún día este esfuerzo me lleve a pararme frente a la Dama de Hierro y decir "Yo estoy aquí, no estoy soñando".

 Dejando de lado toda la cursilería empalagosa que me produce París, quería decirles que estoy leyendo Rayuela de Julio Cortázar, y es la primera vez que leo un libro en el que no entiendo tres cuartas partes de lo que habla,  y sin embargo me encanta. Es pesado, sí, pero definitivamente más tragable que el maravilloso Borges y sus cuentos cortos.

Ah, Venezuela se sigue cayendo a pedazos por la situación con las lluvias e irónicamente, hay gente tan snob e intelectuales de la boca para fuera preocupados porque Alicia Machado, ex Miss Venezuela, confundió a las Coreas con China. Dios mío, tantos problemas, y los venezolanos haciéndole caso a lo que dice alguien entrenada para lucir bien en traje de baño, no para misiones humanitarias o leer Kant, Voltaire y Marx. En fin, ahí se ve qué mal está el país.

 Mister Katcandy les agradece la calurosa bienvenida a la par que se atraganta con unos bombones evidentemente robados. Qué se le va hacer, el gatito tiene el mismo sentido de la ética y la moral que un funcionario de Gobierno.

Besos, a todos, y nunca, nunca olviden sus sueños. Les dejo con una música deliciosamente esperanzadora.