lunes, 7 de junio de 2010

Je n'ai rien à dire




Hay mucha proximidad entre ambos. Intenta concentrarse en lo que hace, pero aquel simple toque, el roce de codo contra codo mientras leen el libro de texto, consigue que ella olvide que tienen examen mañana, que a ella no le va precisamente bien en esa materia. Es como una descarga eléctrica que la recorre, un escalofrío que va desde el cuello hasta el fin de la espalda. Lo mira con disimulo a aquellos ojos oscuros. Quisiera que él se volteara y la viera del mismo modo que ella lo mira. Sería dichosa si se tomaran de la mano, si sus mejillas se encontraran y ambos disfrutaran de aquella extraña y deliciosa sensación. Quiere leer sus pensamientos y averiguar si él también lo sintió. La duda la carcome y, a pesar de la cercanía, nunca lo había sentido tan lejos. Parece como si los dividiera un cristal, y ella grita su nombre mientras golpea con fuerza el vidrio hasta cortarse la mano y desangrarse. Se muerde el labio inferior en un intento para no llorar.

No es el momento, no es el lugar

Una voz racional la refrena de dar rienda suelta a sus emociones. Sin embargo, su corazón reclama a gritos que sea sincera con ella misma...y con él. ¿Cuántas veces, se preguntaba, no había estado a punto de confesarlo? Tras unos días sin hablar con él, sin ver su sonrisa mágica...tomaba lápiz y papel y dejaba fluir todo lo que sentía. Escribía palabras incoherentes, mezclaba el presente con el pasado, se atrevía a imaginar un futuro. Se contradecía por completo y la hoja terminaba llena de lágrimas. Un pedazo de corazón húmedo, sin sentido, que acababa destrozado en la papelera.

A veces piensa si no era mejor dejar de pensar en ello. La gente se enamora y se desenamora todo el tiempo, ¿no? Fácilmente podía olvidarle, buscar otro chico. Pues no. Él es único. Ese amor no se irá por sí solo, ni siquiera rompiendo su corazón. Entonces, ¿que teme?

El rechazo. La idea es tan insoportable que vuelven a ella las lágrimas. Él es lo suficientemente noble como para no romper su amistad, pero sabe que no sería lo mismo. Él no está listo. Y ella no está segura del todo de poder tener una relación.

"¿Pasa algo?", pregunta al notar lo callada y taciturna que está.

De algún modo había estado esperando esa pregunta. Toma aire, sonríe tímidamente, piensa las palabras con qué confesarse y se lanza al abismo. Siente que todo su cuerpo palpita, hay mariposas en su estómago.

"Yo...yo tengo algo que decirte", dice en un tono de voz muy bajo, casi confidencial.

"¿Qué?"- pregunta pacientemente. Cierra el libro presintiendo que se trata de algo serio.

"Verás...", ríe nerviosamente, "No me aparece apropiado decirlo aquí ni a ahora, pero no puedo aguantarlo más tiempo...te amo."

Él abre los ojos con sorpresa. Se pone rojo y, unos segundos después, su rostro adquiere su tono normal. Rompe a carcajadas.

"Vamos, deja de bromear ¡el examen es mañana!"

Ella se queda con la boca abierta. Al principio piensa que se está haciendo el idiota, pero ve la sinceridad en sus ojos.

"No, lo que quise decir es...", las palabras se atragantan en su garganta." Sí, ya voy a dejar de bromear...¿ cuál es el próximo problema?"

Él vuelve a abrir el libro y continuaron estudiando.¿Acaso no es mejor así?, piensa. Tal vez hoy no es el día. Sin embargo, ¿cuándo es el momento apropiado para decirle a alguien que le amas?

De regreso a casa pasan el trayecto en silencio, en el autobús. Ella lo atribuye al cansancio de haber pasado todo el día en la biblioteca aunque, claro, se ve demasiado pensativo como para ser mero cansancio. ¿Y si medita sus palabras? La sola idea hace su corazón palpitar con fuerza. Viven aproximadamente a tres cuadras. Él la acompaña hasta la puerta.

"Nos vemos mañana, buenas noches", dice ella por toda despedida y, justo cuando se propone a entrar a su hogar él dice algo.

"¡Espera!"

"¿Hmm?"

En sus ojos se ve cierta indecisión y temor. Se quedan en silencio mirándose fijamente hasta que finalmente ocurre: la besa. Es el beso más dulce, más hermoso y tierno que ha experimentado en su vida. Siente aquella misma corriente eléctrica invadiéndola. Es asombroso, y desconcertante.

"¿Pero qué...?"

Él toma delicadamente su rostro entre sus manos. Apoya su frente en la de ella.

"No digas nada. Algunas palabras son difíciles de decir."

Ella no puede estar más de acuerdo.

"Sí, no tengo nada que decir"

Eso es cierto, un beso vale más que mil palabras...