viernes, 12 de febrero de 2010

Todo comenzó con un sueño.

Te encontré como pálido espectro; veneré tus pasos de hada lunar. Hice propio tu delirio de letras y mantuve mi palabra de llevarlo conmigo, allí dónde fuese, en las oraciones inconexas de una hoja de papel o en los diálogos de extraños en mi cabeza. Y aquí sigo; a ti pertenecí, sin embargo ya no te necesito como aliciente o excusa para la devastación que a veces me ahogaba hasta la parálisis. Endiosarte fue un pírrico escape, al extremo de trastornar  mi talento en una capa aislante y de ti el único camino al cielo. Tanto te agradecí que lucharas con mis demonios, cuando tú eres su mejor aliada: te alimentabas tanto de ellos como de mí.

 Fuiste mucho, y ahora eres mi recuerdo, mi no tan secreto encanto de las noches de Sol Negro. 

 Fuiste mi maleficio, ahora vuelves a ser espectro.