jueves, 17 de diciembre de 2015

Otra luz que no fueras tú



Son hilos cobrizos, broncíneos y caobas al viento, como levitando; unas espirales finas y largas que acarician los rayos de sol. Al rato ellos caen sobre su rostro, ocultando un ligero gesto de disgusto ante el espesor de su cabellera y la forma en que ésta, tomando vida propia, le impide ver. 

 Una vez se recoge el cabello en una cola de caballo, se puede ver que su faz jovial luce una amplia sonrisa. En la tenue luz, observo a una doble hilera de perlados dientes, que parecen una luna menguante, saludando al nuevo día que está naciendo. También puedo leer en la oscuridad de sus pupilas el grito de lo cotidiano descubierto como maravilloso. Entonces la belleza del amanecer la conmueve, lo sé por la tranquila languidez de su figura recostada sobre el balcón cuando suspira.

 A Ariadna eso de levantarse temprano nunca le ha gustado, no obstante, hoy todo vale la pena; hoy perder unas horas de sueño para memorizarse los colores del cielo vale totalmente la pena. 

 Esa es la Caracas que quiere-queremos-recordar: el verdor que atrapa nuestros ojos, el brillo que destila en nuestra piel la mañana caribeña, el suave y dulzón veneno de la brisa matinal. Ella cierra los ojos, ve todo con el corazón, y sueña con quedarse con el cielo azul y la irrupción de edificaciones grisáceas contra las montañas imponentes.

 Ha valido la pena contemplar el último amanecer. Ambas sabemos que es como si fuera la primera vez tras los ojos de quien se va, y por eso parece un paisaje inmarcesible y cíclico en nuestra memoria, estamos reconociendo el valle que ha quitado tantas vidas, cuyas almas se encuentran escondidas tras las olas del mar; lejos, detrás de las elevaciones de El Ávila. 

 Pero ella aún así cree escuchar el rumor del océano romper contra las rocas. Y eso, aunque quiebra sus ojos en un llanto breve y silencioso, le hace sonreír. 

 A mí también me conmueve la belleza matutina de Caracas cuando se ilumina el cielo. Sin embargo, ese día no tenia ojos para otra luz que no fuera Ariadna.