viernes, 11 de diciembre de 2015

Draculesti



        "Draculesti" lo tomé del libro Vlad, The Last Confession, una novela histórica que describe muy bien y con una solidez argumental pasmosa, la niñez, reinado y ocaso de Vlad "Tepes" Drácula, voivoda o príncipe rumano del Oscurantismo. Desde que tengo uso de razón, me he sentido fascinada por la figura del vampiro, el único monstruo realmente antropomórfico, intrínsecamente maligno y sensual a la vez. En cuanto conocí al Drácula como icono fílmico, me enamoré de la historia, mitos y leyendas que se han creado en torno a una figura real como Vlad Tepes, siendo de todos estos; mi predilecto, la novela Drácula de Bram Stoker.
     Como persona obsesiva con lo que me gusta, he digerido hasta el hartazgo libros, documentales, películas y música de cuanta cosa se relacionara con vampiros. De hecho, una de mis aspiraciones muy a futuro es convertirme en vampiróloga, es decir, una experta en la figura cultural del vampiro. Por lo tanto, cuando mi hermana ‎Dakmar Hernández me regaló la novela histórica antes mencionada, no pude evitar leerla con desespero y fruición, hasta la última página que me dejó satisfecha.
    En el libro, se explican aspectos políticos como la Orden del Dragón, que en el tiempo presente de la novela, está en la mira para ser resucitada muy a pesar de su decadencia. En dicha orden, los miembros más importantes y tristemente célebres, son los pertenecientes al clan Draculesti; c'est à dire, las familias relacionadas con los Drácul o Dráculae.
    Era algo que tenía que ser: mi nombre, Oriana, al revés como todas las cosas en mi vida y una palabra que implica toda una vida rindiéndole culto a lo sobrenatural. Y muy a pesar de que he cambiado en numerosas ocasiones de nombre, orientación sexual, casa, áreas de interés, opiniones, gustos y disgustos, parejas, siempre está en mí ese llamado al abismo.
    Me gusta imaginarme viendo los precipicios de los Cárpatos, en especial cuando los lobos le cantan a la lluvia, y el roce de una pesada capa revela la silueta oscura que camina a a mis espaldas.
(Milord, Sperant L. Vancourt es algo que he explicado en muchas ocasiones, pero tratándose de ti, la explico mil y un veces más).