sábado, 14 de junio de 2014

Hasta que el campeón surja del Amazonas.





Lo admito. El fútbol puede conmigo. Me hipnotiza patada a patada, de cabezazo en cabezazo... no puedo evitarlo: grito, maldigo, me río, aplaudo, celebro. No lloro porque es una fiesta continua, jamás el sepelio que ven algunos. Y mucho menos, la excusa barata de nacionalismo que buscan ciertas personas, aunque he de admitir que himno, escudo y bandera tienen aires de liturgia. Sin embargo, lo siento tan apasionadamente que no puedo hacer otra cosa más que decirme: esto acaba en minutos; es transitorio, tómalo con calma. 

¿Cómo puedo tomarlo con calma si los titanes recorren el valle entorno; imparables en su sed de victoria?

No puedo calmarme, y me disculpo por la efusividad.  Es mi forma particular de alineación, solo equiparable al delirio religioso de los cantos gospel. Así, tal como lo leen.

Gritar gol saca tantas cosas del pecho.

(He de decir, que hasta que el Mundial no acabe, el blog permanece inactivo.)