sábado, 23 de noviembre de 2013

Ira



Puños crispados
Las uñas se tornan garras contra la carne
Las palmas se abren
Se apoyan húmedas
De rojo en el suelo
Solo hay sangre seca en el horizonte,
al tiempo que una frente surcada de arrugas
Choca contra la tierra
Es una plegaria 
De gruñidos salvajes
Desvela su dolor en el llanto
Censurado por hombres sordos
Risas crueles, carcajadas de la nobleza
rancia
Humillando al hombre arrodillado
Su dolor agredido
Por un rey ciego al canto recto
de la Ley
El odio, la impotencia
Incendiando con sus lágrimas
El reino de la inequidad
Donde se recompensa el vicio
y se brinda con fino cristal
a la salud de la plebe hambrienta
Premia el perdón real al asesino
Sin justicia para el hijo muerto
Manos rasgadas, pétreas
Abandonan su inercia 
Persiguen incansables
El cuello del soberano
El padre, nunca más postrados a los
pies del monarca
Logra arrebatar el aire
al poseedor de la Corona
El castigo de los guardias
se presenta más pronto
que tardía la salvación del líder:
Las saetas caen una a una
vierten su sangre común
Sobre el cuerpo de venas azuladas
Venganza consumada antes de enfriarse 
el niño en el féretro
De helarse la ira
En su pecho muerto.