jueves, 31 de octubre de 2013

Esse quam videri.



Desenredo las letras 
Esa triste maraña en el desván
 De mi cabeza. 
Las palabras copulan 
Con desacierto, se entremezclan, 
Otra vez, 
 En esos versos malos. 
Tu mirada inasible
 Con mi pobre talento.
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Tiemblo, sí, debe ser
 Obra de telúrica deidad 
 Escondida, tras 
Tus orbes de mar atlántico 
A veces gris tempestad
O verde caribe; 
O azul amanece de nuevo.
 Y el lápiz rasga,
 Como un sismo a la tierra, 
La debilidad del papel
 Con denuedo.
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 He pasado tantos años
 Por el tamiz de la experiencia
 Esa década, nuestra 
 Hecha polvo 
 En quemadas incidencias.
 Reñidas todas
 Las verdades
 En las historias de mis libretas. 
Conocerás tú, algunas, 
Otras
 Se las tragará la Tierra.

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Poema de presentación para el Taller "Pídele al poeta" (Forojovenes).



jueves, 24 de octubre de 2013

Llave/Cerradura



"Más allá de ciertas vidas, más allá de ciertas muertes.
En algún punto lejano y perdido en la eternidad/ tendré guardada siempre la llave del corazón que nunca quise robarte/ Más allá del tiempo que está planeando alejarnos...
...seremos los mismos que se hicieron ésta promesa que ahora en papel escribo."

   Encontró las palabras envejeciendo sin pena ni gloria en una libreta. Recordó haberlas hivalnado en una de sus muchas noches donde el sueño le huía. Eran palabras accesorias a un regalo cuyo destinatario, jamás entendería el significado de esas breves líneas por más que las analizara. 
  
    Tenía 14 años;  todavía creía en el amor, simbolizado en la unión armónica de sexos contrarios bajo la fachada de una llave y una cerradura. Un objeto para cada miembro de una pareja anómala, no recíproca, endeble.

    Leyó nuevamente las oraciones, dándose cuenta que hoy era incapaz de entender esas líneas, de mirarlas sin sentir más que lástima por su ingenuidad y sonreír con displicencia a su pasado.

    Ella se acercaba indudablemente a la adultez. Lo que más le dolía ahora, era la certeza de su incapacidad de amar sin ataduras ni manchas como esa niña a quien tanto despreciaba; la misma a la que quería parecerse cuando encontraba a alguien que quizás podría salvarla de su veneno. Arrojó las palabras a una hoguera imaginaria, destrozando metódicamente el papel que las albergaba. Los restos ya no pertenecían al pasado, sino a las ratas del vertedero municipal.