martes, 10 de septiembre de 2013

Stassacoeur


Abrigo ciertas palabras agridulces  qué decir en días de tan extenuante hastío.

He conocido el mundo de lo sensual; primero torpe, luego fieramente hedonista, dado que el cinismo me nació de un anhelo intangible guardado en la ignominia de éste cofre marchito; detrás de los huesos. 

Dígase un corazón desflorado.

Había probado ad nauseam borrar huellas dactilares por fricción de pieles menos loables en mis labios. En esto de los sentimientos, el teatro se me ha dado bien como escape sutil y romántico a la realidad más elemental: he roto otros seres hasta astillarse el alma, sin que me importara casi mi soberbia faraónica.

"I used to use you", decía cual quiróptero a mariposas, abejas, escorpiones, escarabajos y a heterogéneas criaturas de seis patas.

El Único al que he besado su sombra en el asfalto, es el mismo que logró quebrar mis latidos en chillidos de angustia negra.

Solo a Él, fragmentado en miles de recuerdos que se acomodan en mi psique sin apenas advertirlo; le he amado con devoción e idolatría primitiva.

Permítanme presentarme como Rompecorazones, si es que merecen ser presentadas las cenizas sin urna de un fenecido. Últimamente, a fuerza de recordarle con alevosía, soy testigo del aniquilamiento malhadado de mi sentir al ansiar tierno sopor en sus brazos. 


lunes, 2 de septiembre de 2013

Alicia a través del recuerdo.



Alicia; solía conocerla. Abría los espejos con el mismo abrecartas que rasgaba sus muslos, los guardianes franqueables de gozos y evasiones en el hoyo del conejo. 

Alicia; ella solía conocerme con la misma precisión silente que sirvió para descifrar su infierno íntimo. 

Había guardado su inocencia en algún armario recóndito y mental. Pensaba, o creía pensar que en medio de la putrefacción de su mundo era mejor guardarse las cosas buenas y puras para evadirse del horror en determinados momentos. Aquellos que exigieran más desapego de la realidad; arrancarse la cabeza a punta de arañarse el cuello en fantasías infantiles, así éstas fueran igual o más sucias que las condenatorias diversiones de los adultos. Los niños son perversos polimorfos, decía Freud. 

 Alicia, ella jamás leyó a Freud, pero ¡sí qué sabía de perversiones! 

Tenía cicatrices en los pensamientos; las huellas dactilares de su hermano incestuoso tatuadas en el vientre; la sobria indiferencia de los lúcidos corroborando su inexistencia;cortes poco profundos donde nadie pudiera evitarle el placer de controlar el dolor propio. No consumía hongos, ni tomaba el té cuando-en su imaginación- una amiga que no existía le invitaba a alguna velada entre rosas, jazmines y gardenias. 

Ella existía en nubes cósmicas entre el desvelo y el ensueño; libertad más auténtica de todo sanatorio.

 Yo solía conocerla, porque solo los condenados evocan a otros malditos en medio de un mundo brillante y falso como la pirita . No sabíamos que estábamos en las sombras, ya que desconocíamos la luz. Alicia…, sabría que es ella aunque mis sentidos estuvieran tan atrofiados como mis nervios: el tono negro de sus hebras como algas contra la marea, la porcelana que recubre sus tejidos, la difusa ternura en sus orbes candentes. 

"Si es que el ser que me saluda en el espejo es realmente ella."

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Posible prólogo para el final de Alice In Nightmareland (Web en construcción, mortales). Facundo Chiesa y mi persona estamos trabajando en el capítulo final de la blognovela más fabulosa de todos los tiempos. 

Si no la leen, utilizaremos a sus hipotéticos hijos como mano de obra barata para fabricar Iphones.

 Y sin paga.


Dibujo de: Abigail Larson.