jueves, 15 de agosto de 2013

Suzanne Saint-Jean



Te encuentro siempre abismal, así, cercana a tocar los rebordes de un mundo turbio donde somos objetos que yacen en enigmas.

 Valgan todas las metáforas, eres como la flor protagonista de un espejismo; en una tierra seca, árida, desde generaciones más afortunadas en el amor que tú y yo.

A pesar de haber seguido todos tus juegos, no consigo premio más claro que un eco cercenado parecido a ti. ¿Quién eres, qué significa una caricia en mi cuello o tu temblor en mis brazos? ¿Existen preguntas con respuestas sinceras, diosa de las dunas?

 En un reencuentro más trágico que poético, te espero con ojos arábigos hambrientos de tus labios de níspero. Y unos centímetros más arriba, la rectitud caucásica de tu nariz, antesala de ojos esquivos, color madera. 
Suaves como el imaginario tacto de las nubes.

 Me has torturado en noches helados con inasibles evocaciones de las colinas que forman tus caderas; los millones de granos de arena blancuzca que integran tu carne. 

Eres nocturna, así te piense hasta en la extraña confluencia de sol y luna. 

Te sueño, pero no en lo desolado del desierto, 
sino en una ciudad de romanticismo pluvial. 
Una que significa más para nosotros que los eventos 
acontecidos en tantos otras vidas y lugares.

 Una cuya lluvia repentina e intermitente- como mi llanto- me recuerdan que hay una pregunta que debe ser formulada: 

¿Es que podremos tener a París en algo más que mis melancólicas fantasías?

 ……………… 


Estimado amigo, no ignoro qué es poseer durante años sueños en común con una persona a la que perseguiríamos a los confines de un infierno cónico. Algunas, somos tan desafortunadas que perseguimos nuestros tormentos sin jamás atraparlos. No obstante, algo me dice que tendrás más éxito que mi persona persiguiendo a Suzanne en el centro de cualquier hexágono, así éste se llame Francia y tengas que cruzar el Atlántico a nado. 

Más que fe, tengo esperanzas en ti, mon ami.