miércoles, 24 de abril de 2013

En la Selva Oscura



         Escogí como sendero la decadencia, y de millones de errores acumulados durante mis reencarnaciones; jamás he errado el inmundo camino por ser, desde hace tiempo ajena a mi alma, cualquier intención de corregirse. 

       En la Selva Oscura, me encaminé paso a paso en una ida sin vuelta por cada círculo infernal, recitando del poeta los versos toscanos de almas atormentadas. Como cruel paradoja, cantaba la historia de pecados inconfesables que pronto serían míos, a sabiendas del justo castigo por toda mi inequidad. De todas formas, los rostros en los que se leía el dolor y la maldad, pero ni una traza de arrepentimiento, se me tornaban cada vez más familiares, y a la vez indiferentes, al tiempo en que lo bizarro en mí se volvía vicio con la impronta de un placentero terror a mi mancillado reflejo. 

            Enamorado del odio y de la tristeza, mis pasos en falso no paraban en la desenfrenada carrera al abismo, por lo que se acrecentaba en mí la maravilla ante el sinsentido de la corrupción propia. Cuando creía que ya no podía caer más bajo, que no encontraría otro medio para acrecentar mi bestialidad, los límites se estiraban y torcían cada vez más lejanos, otorgándome nuevas oportunidades de asesinarme. 

                 Ignoro en qué punto exacto de la sucesión de mi vida, dejé de sentir. La crisálida en la que aguardé la metamorfosis se habrá perdido ya como todo lo demás, que se desdibuja a medida que hablo palabras sin significado. La única certeza que tengo es lo que soy ahora: un ser, un ente, un fantasma, una sombra. Algo. Carente de razones, miedos o deseos. Sin necesidades. Este es el final del abismo. No soy ni mis odios, ni mis dolores, ni mis placeres. No soy mi vacío. 

Este es el final del abismo. 

No soy nada.

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    Para quienes me conocen, no resulta inhabitual que esporádicamente haga alguna referencia a la Divina Comedia de Dante, por la que siento una profunda admiración y cierto pavor ante su magnificencia. 

     Últimamente ando escuchando mucha música que no me es habitual como The Bee Gees, Shocking Blues y Richard Clayderman. No obstante, uno de los descubrimientos más interesantes que he hecho ha sido la Saltarella, aunque seguramente los fanáticos de Assassin's Creed deben estar familiarizados con ella. Aquí dejo un vídeo de la elntretenida ejecución de Rosanne Philippens: