sábado, 27 de abril de 2013

Caminantes




                           Mi camino y tu camino, una vez un mismo camino, se han separado, bifurcados, como dos corrientes de un río. El mismo mar no nos acoge, ni esplendorosas cascadas nos precipitan por obra y gracia gravitatoria en las mismas profundidades del ayer.

                                   He perdido la pista de tus huellas, incapaz de mirar atrás y temerosa de ver hacia los lados, por si encuentro alguna señal definitiva sobre la disparidad de nuestros senderos, extraviados el uno para el otro. Temerosa de encontrar más evidencia de que mi camino y tu camino, no coinciden en el mismo sendero.

                                   Si tan solo hallara un modo de detenerme, dibujar en las nubes una pista exacta sobre mi paradero, estaría dispuesta a esperar todos los siglos que la eternidad pueda contener por una respuesta en el mismo cielo que miro anhelante. Sin embargo, heme aquí, siguiendo mi camino, en desconocimiento del tuyo, imparable, aguardando por los espejismos que me ayudan a sobrevivir cada vez que creo divisarte.

                                   Mi camino y tu camino, alguna vez fueron un camino. Y como las aguas turbulentas de un río, están destinados a encontrarse en una oportunidad por cada cien mil que desperdician. Gota a gota, en un abrazo de espuma, mientras la estela esté fresca como tu recuerdo, yo seguiré esperando en la orilla, Mi camino y tu camino, alguna vez un mismo camino, pronto serán nuevamente el mismo río.