sábado, 27 de abril de 2013

Caminantes




                           Mi camino y tu camino, una vez un mismo camino, se han separado, bifurcados, como dos corrientes de un río. El mismo mar no nos acoge, ni esplendorosas cascadas nos precipitan por obra y gracia gravitatoria en las mismas profundidades del ayer.

                                   He perdido la pista de tus huellas, incapaz de mirar atrás y temerosa de ver hacia los lados, por si encuentro alguna señal definitiva sobre la disparidad de nuestros senderos, extraviados el uno para el otro. Temerosa de encontrar más evidencia de que mi camino y tu camino, no coinciden en el mismo sendero.

                                   Si tan solo hallara un modo de detenerme, dibujar en las nubes una pista exacta sobre mi paradero, estaría dispuesta a esperar todos los siglos que la eternidad pueda contener por una respuesta en el mismo cielo que miro anhelante. Sin embargo, heme aquí, siguiendo mi camino, en desconocimiento del tuyo, imparable, aguardando por los espejismos que me ayudan a sobrevivir cada vez que creo divisarte.

                                   Mi camino y tu camino, alguna vez fueron un camino. Y como las aguas turbulentas de un río, están destinados a encontrarse en una oportunidad por cada cien mil que desperdician. Gota a gota, en un abrazo de espuma, mientras la estela esté fresca como tu recuerdo, yo seguiré esperando en la orilla, Mi camino y tu camino, alguna vez un mismo camino, pronto serán nuevamente el mismo río.


miércoles, 24 de abril de 2013

En la Selva Oscura



         Escogí como sendero la decadencia, y de millones de errores acumulados durante mis reencarnaciones; jamás he errado el inmundo camino por ser, desde hace tiempo ajena a mi alma, cualquier intención de corregirse. 

       En la Selva Oscura, me encaminé paso a paso en una ida sin vuelta por cada círculo infernal, recitando del poeta los versos toscanos de almas atormentadas. Como cruel paradoja, cantaba la historia de pecados inconfesables que pronto serían míos, a sabiendas del justo castigo por toda mi inequidad. De todas formas, los rostros en los que se leía el dolor y la maldad, pero ni una traza de arrepentimiento, se me tornaban cada vez más familiares, y a la vez indiferentes, al tiempo en que lo bizarro en mí se volvía vicio con la impronta de un placentero terror a mi mancillado reflejo. 

            Enamorado del odio y de la tristeza, mis pasos en falso no paraban en la desenfrenada carrera al abismo, por lo que se acrecentaba en mí la maravilla ante el sinsentido de la corrupción propia. Cuando creía que ya no podía caer más bajo, que no encontraría otro medio para acrecentar mi bestialidad, los límites se estiraban y torcían cada vez más lejanos, otorgándome nuevas oportunidades de asesinarme. 

                 Ignoro en qué punto exacto de la sucesión de mi vida, dejé de sentir. La crisálida en la que aguardé la metamorfosis se habrá perdido ya como todo lo demás, que se desdibuja a medida que hablo palabras sin significado. La única certeza que tengo es lo que soy ahora: un ser, un ente, un fantasma, una sombra. Algo. Carente de razones, miedos o deseos. Sin necesidades. Este es el final del abismo. No soy ni mis odios, ni mis dolores, ni mis placeres. No soy mi vacío. 

Este es el final del abismo. 

No soy nada.

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    Para quienes me conocen, no resulta inhabitual que esporádicamente haga alguna referencia a la Divina Comedia de Dante, por la que siento una profunda admiración y cierto pavor ante su magnificencia. 

     Últimamente ando escuchando mucha música que no me es habitual como The Bee Gees, Shocking Blues y Richard Clayderman. No obstante, uno de los descubrimientos más interesantes que he hecho ha sido la Saltarella, aunque seguramente los fanáticos de Assassin's Creed deben estar familiarizados con ella. Aquí dejo un vídeo de la elntretenida ejecución de Rosanne Philippens:



martes, 16 de abril de 2013

El Atrapa Sueños




                 Tejiendo la red del atrapa sueños, va dejando escapar una a una de mis pesadillas, haciendo de las noches de duermevela una vigía constante. Cuando brilla el sol, las nubes son almohadas donde soñar despierta con tan solo una noche de descanso.
            Cuando me atrevo a cerrar los ojos, el mundo se tiñe de espectrales matices hasta que me sorprende el alba con los ecos de mis gritos. Los intentos por contar hasta cien me convencen de la infinidad de los números, hasta que por milagro o infortunio logro morir en un reposo, breve como un parpadeo. Esa es la excepción, la regla es elegir entre los terrores nocturnos y las tonalidades del cielo. Le he dado nombre a todos los azules, rosas, naranjas, amarillos y rojos que conforman las horas malditas del ocaso al amanecer.
            Me encuentro en el centro de la red del atrapa sueño. Puedo observar las plumas, las cuencas y los espacios insondables entre los viscosos hilos. Veo a la araña dirigir sus monstruosas ocho patas y sus incontables ojos en mi dirección, con sus fauces temblando de excitación a medida que se acerca a mí. No creo estar soñando.

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Mil años sin publicar, pero en mi defensa puedo decir que la cosa en Venezuela ha estado complicada. Me he despegado poco de los periódicos y de la TV,  puesto que allí es dónde se puede apreciar mejor el grave conflicto interno causado por la polarización del país. Como consecuencia, a internet solo le dedico unos breves instantes, como ahora, pese a estarme perdiendo de las patéticas declaraciones de uno y otro bando.

Yo soy optimista, y mientras tenga a manos lápiz y papel, puede que deje a la posteridad una breve descripción de los hechos graves y violentos que, estoy segura, solo están aguardando el momento apropiado para manifestarse.