domingo, 1 de abril de 2012

Efímera Inspiración



 Desnuda, como recién traída al mundo, posaste tu cuerpo joven en telas de sedas y bastaron unos minutos para que te acostumbraras a la suavidad del diván. Coqueta, erótica, seductora, mostraste el pecho turgente con orgullo y vendiste tu tiempo y tus miradas por unas monedas, a la escasa y fría luz de un día nublado. El olor a pinturas resultaba agobiante, y los pies se abandonaron al sueño además, con el paso de las horas, se hizo evidente que ya no había ninguna comodidad entre los cojines púrpuras. Te limitaste a verlo a él, a preguntarte qué habría en el lienzo, si sería lo suficiente habilidoso para recrearte en blanco con toques rosas el marfil de tu rostro, si en el rojo de las sábanas captaría su lujo y si acaso en el castaño de tus ojos almendrados vería algo más que penurias y sufrimiento. Te miraba atenta, profunda, implacablemente, pero no de la forma en que los hombres suelen mirar a las meretrices. No hablaban, apenas instrucciones y un "por favor" educado, pero severo. 

 Y de un momento a otro, no se escuchó el sonido de la actividad creativa y los pinceles descontinuaron la labor. Él se había detenido. Estuviste a punto de preguntar qué sucedía, pero se alejó del caballete y se sentó en un taburete cercano a su obra, y esta ahora ya no parecía causarle un vivo interés, sino amarga desesperación.

-La he perdido- confesó, casi como un susurro y con una tristeza honda, mirándote, pero no viendo nada.

-¿Qué cosa?- y te asaltó la necesidad de cubrir tu acalambrado cuerpo de pecadora, Eva italiana del siglo XIX.

-Tu alma.

 No volvió a pintar esa tarde.

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  Fui a El Corte Inglés y en la sección de cosas de cocina, objetos útiles y cosas bonitas que te hacen creer que son necesarias; me encontré con un juego de cubiertos. Como tengo un IQ muy elevado, agarré el cuchillo de cierra y, pensando que no pasaría nada, me lo pasé por el pulgar. Ahora mi dedo tiene una línea que parece una sonrisa torcida, y a partir de allí me lo he pisado con una puerta, me lo quemé con una vela y me cayó limón. Sospecho que si el pobre "gordito" pudiera hablar, tendría que censurar vez tras vez cada palabra.

Espero regresar con el pulgar izquierdo a Venezuela. Y tengo miedo.

Por cierto, y dejando de lado que soy una dramática, me gusta mucho Zaragoza y la he pasado muy bien. Además, tras meditarlo mucho, he decidido cambiarle el nombre al blog de Leanan Sidhe's Black Roses a Le Diable Au Coeur.

 Si bien, el blog surgió para alabar un poco a esa Musa gaélica, creo que no perderá su esencia si le doy un nombre con el que me siento más identificada actualmente. Los cambios son buenos, no como los limones y  las palomas, que sin duda son emisarios del Maligno.

  No me hagan caso, recuerden que soy una idiota que se cortó un dedo con un cuchillo mientras buscaba un regalo para su anfitriona y hermana.

Besos de neón.