sábado, 18 de febrero de 2012

Y solo una copa lo sabe bien




  

  La noche está más fría de lo usual, pero eso nunca ha importado. He tenido demasiado tiempo para pensarlo, para darle vueltas una y otra vez al asunto hasta marearme y caer al piso como una torre de cristal, y ser a la vez la piel y el vidrio que corta y con el cual me corto. No, no te estoy culpando. Pero alguien tiene que ser el culpable, y soy demasiado cobarde como para cargar yo con el agobiante peso de la culpa, así que corro la arruga, te desfiguro, te acuso y te condeno a la hoguera, te dibujaré como el malo de la historia y te condenaré a recordarte así, como una pesadilla, en los días en lo que no desee evocarte como la felicidad más grande que he tenido justo antes de que abriéramos la Caja de Pandora,y todo se fuera al diablo. Hablo sin pensar, lo sé, lo sé una y mil veces, tanto como si hubiera estudiado una carrera, una maestría, un posgrado para hablar tonterías como si se me fuera la vida en ello. Es culpa de esta botella, a la que me aferro como un elixir y que dentro de unos cuantos tragos me hará sentir peor o mejor, pero eso no importa, porque esa línea ambigua es solo la última frontera antes del olvido y la mañana siguiente con un resaca, a vivir nuevamente un simulacro de vida, ser la pálida sombra de lo que fui viviendo en el recuerdo de lo que fuimos hasta que aparezca otro cáliz de alcohol, y me entregue a otra noche más oscura que la noche misma, aquella que se invoca con tequila y que conoce de soledades y tristezas.

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  Esto también podría llamarse "colapso mental frente a un teclado" o "ganas de escribir por escribir". Nah, cómo si realmente importara. Esta semana me enteré de algo que no debía, pero en eso de la curiosidad mató al gato, yo siempre he preferido el arma en la sienes antes que la duda, incluso si yo misma acciono el gatillo. Es increíble cuando descubres que no has superado una etapa y te das cuenta de que sigues dando vueltas en círculo. Francamente, patético, como un sucio perro persiguiendo su cola.

  Ayer fue mi cumpleaños, y un desfile de Carnaval. Mis amigos y yo nos disfrazamos de canis (en mi país se conocen como "tukkis"), aunque mi disfraz no estuvo muy logrado. No tuve el tiempo, pero lo que cuenta es la diversión, ¿o no?

Gracias por leer, incluso si yo me pierdo durante semanas por andar de parranda en el País de las Maravillas.