sábado, 17 de diciembre de 2011

17


  Esta historia tiene sus años y los míos, tiene toda mi corta vida, y mis mejores momentos. Comienza con una niña de grandes ojos oscuros, cabello liso arremolinado alrededor de sus orejas y con un lazo rosa. Ella, con mucho cuidado y un poco de recelo por su parte, es  levantada e inclinada hacia adelante por su madre para que puede ver qué hay en una cuna: yo, bebé neonata, dormida y con ceño fruncido.

 No creo poder recordar esto, pero sí puedo fiarme de mis memorias, o eso espero: ella y yo jugando a las muñecas durante horas, ella y las innumerable películas de Disney que vimos juntas, ella enseñándome a dibujar y ella, siempre ella, ahí conmigo.  Quizás mi infancia no hubiese sido la misma sin Arisu, sin embargo, con eso de los "quizás" tampoco se sabe. Presumo que hubiese estado bastante sola, y mi proceso de transformación de "niña Barbie" a pseudo-gótica habría comenzado a los 4 años...

 Dejando de lado todas las posibilidades, escribo esta entrada para darle un mensaje muy especial a Arisu: en algunos países el número 17 es considerado una cifra que atrae al infortunio, aunque para mí no sea tal cosa. Y no es porque yo haya nacido un 17 de febrero. 

El 17 es mi número de la suerte porque un día como hoy, 17 de diciembre, naciste tú, Arisu.

Feliz cumpleaños, chérie. 

Foto de Arisu por Aaron Cheng.