viernes, 7 de octubre de 2011

Misteriosa luz, gran lucidez

  

 Apresuró el paso porque sentía que, de no salir pronto, sus neuronas se derretirían cual helado cremoso y resbalarían sobre el pavimento caliente. Estaba a punto de desviarse hacia el Portón Este, cuando, de entre las decenas de rostros que buscaban refugiarse del sol en las sombras que proyectaban las edificaciones y los frondosos árboles, logró verlo. 

 Como era usual, se encontraba charlando de manera animada con su grupo de amigos, y no había siquiera reparado en Astarté hasta que ella se detuvo solo unos momentos para contemplar la manera en la que todo su cuerpo se agitaba ante el espasmo incontrolable de la risa. Pero, en cuanto sus ojos se encontraron, dejó de reír y por un segundo, a Astarté le pareció que en esa mirada habían recobrado algo de la antigua conexión… pero hacía demasiado que esta había muerto. 

 Sacudió la cabeza como negando esa idea y se disponía a marcharse con premura, cuando sintió que Baal se colocaba al lado de ella, dispuesto a acompañarla a la salida más cercana de la enorme institución donde se encontraban. Entonces, aprovechando esa súbita muestra de interés de su parte, Astarté cambió de dirección, hacia el lejano y menos sombreado Portón Norte.

 -Llevaba tiempo sin verte, As- comentó Baal unos metros después, observando el camino casi sin gente lo suficientemente insensata como para pasar por ahí a la hora en la que el sol despunta desde lo más alto. 

-No es que hayas hecho un esfuerzo por encontrarme- respondió en un tono que reflejaba cierto enfado la chica. Baal respiró hondo, y cambió súbitamente de tema. Desde siempre, todo lo referente a Astarté era un misterio tan grande como el del amor y la muerte. 

-Tú no deberías salir por el Norte, te queda más lejos de residencia- y observó cómo el Portón Este se veía más difuso a medida que avanzaban en lo que, a su parecer, era la dirección equivocada. 

- Lo sé- dijo ella por toda respuesta, mirando a los ojos ambarinos que reflejaban confusión. 

-Entonces, ¿por qué elegiste esta dirección? 

 Ella contuvo el enfado y las lágrimas, los reclamos, las ganas de gritar. Quería decirle que no podía creer hasta qué punto había llegado su indiferencia para no interesarle en lo más mínimos cómo estaba, las razones de su ausencia, si necesitaba una mano amiga para ayudarla. En vez de eso, y bajando la mirada hacia el suelo, contestó con un tono muy bajo de voz: 

-Pensé que…si me dirigía más lejos me seguirías acompañando más tiempo. 

 Misteriosa luz, gran lucidez. En el pasado la había abandonado, pero ahora estaba allí, con ella. El rencor y el resentimiento solo estropearían lo que había en ese instante: algo de esperanza. Baal sonrió tiernamente y depositó un beso en su cabeza. 

-Eres una tonta.- dijo antes de reprender la marcha.

Solo que esta vez decidieron resquebrajar los muros que se interponían entre ellos caminando con las manos agarradas cual salvación o condena, porque ellos nunca supieron cuál era el final de su verdadero camino: el reencuentro de lo que tiempo atrás sintieron y dejaron  perder.

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 Esto es más o menos un sueño que tuve hace muchas noches, y la búsqueda de su significado no me deja de dar vueltas. Se pudo haber descrito en un par de líneas, pero no podía dejar de lado las ganas de adornarlo y darle más o menos coherencia. Se trata de la segunda vez que sueño algo que  tiene relación con esa puerta en específico, y siento que es una mala señal. 

En el otro, me dirigía con un grupo de gente en un día nublado hacia la Puerta, y me detenía a ver las artesanías de vendedores informarles, absolutamente deslumbrada por los colores, pero cargada de mucha tristeza y soledad, y eso que me acompañaban mis mejores amigos. 

 Pienso que los personajes pudieron haberse llamado Osiris e Isis, José y María, A y B, en fin, cualquier cosa, ya que no recuerdo gran cosa de la fisonomía, aparte de los ojos de él y que ella era bastante menuda y muy retraída, pero tenía que escribirlo antes de que se me olvidara. Los nombres son los de dos dioses paganos, y los saqué de la Biblia la cual, no me explico todavía el porqué estoy leyendo. Quizás busqué respuestas, pero hasta mis propias preguntas me parecen enigmas sin solución. 

 Gracias a todos por seguir leyéndome pese a que me desaparezco por largos períodos de tiempo. No es voluntario, de verdad, pero mi epilepsia provocada por los colores de la ropa que veo por la calle todavía no tiene cura. Esperen que termine el tratamiento a base de dormir en una cama criogénica o que, en el mejor de los casos, consiga una conexión a Internet decente.