sábado, 10 de septiembre de 2011

Vacío Infinito



Es la sensación sobrecogedora que se apodera de tu ser en el momento en que te encuentras tirada en la cama, vestida con un impermeable mojado de color amarillo y aferrándote fuertemente un patito de peluche que, con su inexpresividad de falso animal, observa cómo lloras mientras dos personas encargadas de cuidarte y protegerte discuten de manera hostil la mejor forma de asesinar tu sueños. 

  No es que tu opinión cuente para nada, y la verdad, no te importa darla, ya que estás más concentrada en sentir el agujero negro que se forma en tu estómago y va engullendo desde un corazón roto, hasta un alma que habrías creído perdida hasta el momento en que comenzaron a pelear. A duras penas, tu voz escapa de la colisión interplanetaria que está ocurriendo en tu interior para mediar en la discusión de las- supuestamente- dos racionales personas que se preocupan por ti y que, por cosas del destino, tú tienes que justificar, nuevamente, ahora que vuelven a romper sus promesas y a mentirte con descaro. 

 No importa. Ya se obró el cambio en tu interior, y sabes que ese vacío infinito que ellos no pueden ver, pero que es lo más cercano que has estado nunca a sentir el dolor físico de la muerte y el desapego espiritual de esta vida, es una tormenta que pasará sin traer calma. 

 Y una vez que cierras los ojos llorosos, e imaginas que ya tu alma está lejos del mismo y familiar infierno, sientes paz


 ____________________________

 Querida y rota familia: 

 No he sido mala hija, de verdad, así que no entiendo por qué me hacen esto. Este deseo, el único durante todo el año, ha sido lo único que me ha mantenido sonriente y emocionada, realmente, nada fuera de sus posibilidades y ustedes mismos lo admitieron al hacerme esas promesas que ni ahora ni nunca van a cumplir. Y el hecho de que lo arruinen tan alegremente, me enferma y me hace desear no compartir lazos de sangre con ninguno de los dos.

 Qué la suerte los acompañe, y qué mantengan la fe y la esperanza de que algún día los perdone. Porque yo, definitivamente, ya las he perdido.