miércoles, 22 de diciembre de 2010

Susurros



Susurros

Aquellos susurros alguna vez fueron gritos. Desesperados alaridos que clamaban piedad mientras contemplaban los ríos de sangre. El fuego devoraba todo cuanto construyeron e inundaba el cielo gris plomizo. El viento abría camino a las llamas dejando como huella las tristes cenizas. Las mujeres eran arrastradas por los cabellos a rincones donde eran mancilladas y sometidas brutalmente. Los niños lloraban confundidos e impotentes ante el abrupto caos al que entraron. Los hombres caían uno tras otro bajo las ráfagas mortales y precisas de los disparos. El brillo de los cuchillos era el reflejo final ante el ocaso de sus vidas. La masacre se dio por terminada una vez que la cacofonía de desesperados llantos y mortíferas balas pasó a ser un silencio sepulcral. El cielo avisó con rayos y truenos una tormenta que apagó el incendio y lavó las gargantas abiertas y los rostros ensombrecidos por la tragedia.

Detente por un momento y escucha. Sí, esos susurros que penetran en tus oídos son ellos. Almas en pena, víctimas inocentes de una guerra que no tenía nada que ver con ellos. Susurran sus desgracias para que no olvides que en tus venas corre la sangre de asesinos y muertos.

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Yo + tienda de adornos navideños + familia con consumismo festivo= Unas ganas terribles de agarrar esa figurita de Santa Claus y aventarla contra el suelo.

 Me fastidia eso de comprar adornos navideños, pasar media hora eligiendo un plato con un arbolito dorado para poner unas velas del gordo que en vez de usar la puerta entra por la chimenea y unos manteles que no dan ni ganas de tocarlos por miedo de hacerles algo. 

  Estoy leyendo un libro de Carlos Fuentes llamado Todas las familias felices, y de no ser por mi convivencia casi obligatoria con mexicanos durante tres semanas en el 2008, necesitaría un Diccionario Mexicano-Español, para entender lo que escribe este señor. 

 Mmm, quisiera comprar un futón, eso de arreglar la cama me provoca casi tanto entusiasmo como decorar un pino artificial surgido de la necesidad de los sudamericanos de copiar a los vecinos del norte, que sí pueden acceder a un pino de verdad.


Besos, y felices fiestas.