viernes, 24 de diciembre de 2010

Aquí tienes a tu familia feliz



El árbol con sus luces brillantes y el rápido parpadeo multicolor, nieve cayendo lentamente, el verdor del muérdago y la corona navideña, los adornos de San Nicolás, el Hombre de Nieve y pequeños y frágiles renos de vidrio. Algo se cocina en el horno, una cena hecha con minuciosidad pero celeridad, como si fuera la última.

Harta, agotada, asqueada, desesperada.

Se acabó la diversión de jugar a la casa de las muñecas las veinticuatro horas del día durante largas semanas. "Para siempre", dice tu anillo en el anular izquierdo que ahora se te antoja una soga en tu cuello que no termina de matarte del todo. Nadie te agradece tu dedicación, tu empeño, tu amor, porque solo eres la esposa trofeo que teje bufandas verdes y rojas, aguanta los desafinados villancicos de los vecinos, decora una casa disfrazada patéticamente de hogar, compañera de fantasías cuando tu esposo no desea -muy rara vez- visitar a su amante. Eres la madre de un silencio abismal, de la soledad de cuatro paredes decoradas con falsos copos de nieve. Tu hijo te ignora, ya camina y no depende del alimento de tu pecho. Sabes bien que por venir de tus entrañas no tiene la obligación de amarte,  y sientes que no lo hace cuando te ignora alegremente.

Una vida de juguetes rotos tras las primeras semanas de emoción, el nuevo y nada significativo collar de perlas para mantener la ilusión del matrimonio, planchar las camisas de la fiesta y hornear las galletas de jengibre para los invitados que con sus ojos despectivos de espejos te recuerdan que eres  solo una esclava desde que sonriendo ingenuamente pronunciaste un "Sí, acepto".

 Por eso, Virgine, cuando bañando al pequeño y dulce Nicholas deslizaste tus manos llenas de espuma sobre su joven y suave cuello y decidiste que podía jugar un rato bajo el agua, nada más hasta que dejara de moverse y se acabara la última y desesperada burbuja de oxígeno, no creíste que fuera una locura. Nicholas dejó de mover sus tiernos bracitos y se quedó quieto. Lo vestiste con aquel traje azul que le quedaba precioso. "Combina con sus mejillas sin vida", pensaste acariciándolas, y entonces lo sentaste, aún con el pelo mojado, en un cómodo sillón de la sala que tanto esfuerzo- sin recompensa- pusiste en decorar. Te parecieron tan bonitos sus labios morados y sus manos heladas, algo borrosas tras un trago tras otro de vodka, esperando.

 Una sonrisa amarga cruzó tu rostro cuando tu esposo entró por la puerta y encontró las luces prendidas. Rodeaste con tus brazos maternales al pequeño cadáver y susurraste:

-Jim, aquí tienes a tu familia feliz.

 Él gritó horrorizado con lágrimas en los ojos, cayendo de rodillas y mirando sin poder creerlo la escena que tan bien preparaste. Besaste el rostro de tu precioso niño muerto y las lágrimas también resbalaron por tus ojos, ahora consciente de que no había vuelta atrás.

-Ya me cansé de jugar a ser la Barbie con sonrisa de plástico y su falso mundo rosa.

 Y los gritos de tu esposo se unieron al coro de voces angelicales que se acercaban a tu puerta cantando Jingle Bells y deseánlos a las almas cristianas felices fiestas.

"Yo vengo de una familia en la que cada miembro dañaba de algún modo a los demás. Luego, arrepentidos, cada uno se dañaba así mismo", Todas las Familias Felices de Carlos Fuentes


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 De verdad que Mercurio Retrógrado es la época de las malas comunicaciones. A las personas que me desearon un buen viaje en México, gracias, pero me encuentro en mi país y me refería a la convivencia bastante divertida e interesante que tuve con personas de esa nación hace dos años. 


Con este relato tan festivo y agradable de infanticidio y esposas dementes celebró una amarga Navidad en la que el Gobierno aprovecha que todos están o ebrios de felicidad por las vacaciones/celebraciones o de viaje para aprobar leyes que buscan asegurar su control total de la vida de los venezolanos y la libertad de expresión. Y como si fuera poco, los universitarios en vez de hacer marchas y protestas masivas, hacen una eucaristía universitaria por la libertad en Venezuela. WTF, ni que Dios fuera Chuck Norris para bajar del Cielo y darles una paliza a los diputados de la Asamblea Nacional. Francamente, no parecen ni hijos ni nietos de los estudiantes que a lo largo de la historia venezolana militaron en partidos secretos, se organizaban y lograban tumbar regímenes dictatoriales.


 ¿Ven? Despiertas en la mañana queriendo decir "Feliz Navidad" y te encuentras con un "¿!#$"%"&&, cuándo aprobaron esa aberración?"






En fin, no voy a amargarlos con el patético acontecer de mi país, y les desearé unas felices fiestas y mucha felicidad para el 2011, y que quede bieeeeeen atrás este terrible año 2010.


Besos a todos, se les quiere.