miércoles, 4 de agosto de 2010

El Rechazo del Mar



El mar era el cielo y el cielo era el marAmbos se tocaban en una línea infinita de azul indescifrable, profundo y misterioso. El oleaje leve, apenas unas olas que bañaban de espuma las blancas costas y, más adentro, la eternidad de los dominios de Poseidón.Mar, hermoso mar, traicionero como el amante infiel y el confidente que no guarda silencio, revelando así la oscuridad de nuestros corazones. Fue en esa agua helénica y cruel que se ahogó la persona que más amé en mi corta vida.




 Comenzó como una travesura infantil: retar al mar en la negrura de la medianoche. Esa vez sólo la ondulación de las olas grandes y mortíferas dividían la oscuridad de las aguas y las diferenciaban del temible vacío del cielo. Él y yo nos desnudamos y nos presentamos ante la más terrible fuerza de la naturaleza. Hicimos el amor sobre esos granos blancos que están condenados a ser infinitos, particulares en su homogeneidad, cuando en épocas lejanas formaron parte de un todo, justo como la gente, apretujados en un espacio físico reducido pero miserablemente sola. 


 En el momento en que nuestros cuerpos se unieron nos sentimos uno con el paisaje, nos besábamos en sincronía con la voz de la marea. A pesar de estar expuestos a la indomable naturaleza nos encontrábamos protegidos por la burbuja de aquel idílico amor que acabaría en tragedia. En el frenesí, en la insana alegría de estar juntos, no vimos lo imprudente que sería entrar en esa agresiva deidad que con el atronador ruido de su choque contra las rocas...buscaba advertirnos de los peligros de nuestra estupidez. Nos reímos de que nadie supiera que estábamos ahí. De que nadie sabía lo nuestro; que nuestros corazones latían al mismo tiempo en esa melodía universal según la cual del Caos, la Inconmensurable Nada, surgió la fuerza de la Creación: Eros, el Amor, la razón de ser y estar. Lo entendí y perdí todo esa noche. Vi en tus ojos mientras flotábamos que comprendías a la perfección aquel maravilloso descubrimiento: la raison de être de la humanidad estaba dentro de aquel glorioso sentimiento que inspiró los más hermosos poemas y cantos, las danzas más sensuales, la música tan mágica que aveces escuchábamos juntos, las obras que embellecen al mundo, las personas que por amor al prójimo se sacrificaron y lucharon por el cambio. 

Entonces, todo sucedió con una rapidez vertiginosa. En el mismo instante en que nuestras miradas dejaron de compenetrarse, sopló un viento muy fuerte. El mar se volvió más violento para entrar en sincronía con la tormenta. El cielo envió un terrible diluvio que nos separó, mis ojos vertieron más aguas salada a la que sería nuestra tumba. Antes de tragar más agua, de ver cómo se fusionaban la oscuridad del cielo y el mar, infinitas bajo la borrosa visión de la muerte, observé a las olas arrastrándote hacia las puntiagudas rocas. Y supe que te había perdido.

Un grupo de gente me encontró en la mañana, desnuda sobre la orilla y más cortada que una vieja red. Gracias a Dios no pudieron ver el daño en mi interior, o de lo contrario me hubieran tomado por muerta. Horas después, en el hospital, me enteré de lo que ya sabía viendo la cara de pesar del doctor y después escuchando sus palabras frías y mecánicas como metal: te habían encontrado, y no sabían si te había matado la contusión en la cabeza o las traicioneras aguas que suplieron el aire en esos tormentosos momentos de confusión que antecedieron tu adiós.

Hace ya tres años de eso, pero los recuerdos del ayer son las heridas sin sanar del hoy que me siguen martirizando cada día que paso despierta entre sombras y cada noche que sueño contigo y sé que debo despertar. Unos días atrás, aprovechando unas festividad y lo solitaria que estaba la playa, me fijé como meta nadar hasta esa imposible, luminosa e inalcanzable línea en el horizonte, esa absurda división entre el traicionero mar y el aveces tormentoso cielo.

Sabía que tú estabas allí esperándome. Que tus cenizas eran parte del océano no nos separaba y que continúa mateniéndonos parte. Tal vez mi cuerpo no se haga arena como el tuyo, sin embargo mientras nado sueño con que las fuerzas que le quedan a mi cuerpo, cuando lucha contra las olas para internarse en las profundidades..., alcance esa alma tuya que pasó a formar parte inmortal del Reino de Neptuno. Sé que estás en la espuma, dentro de una perla, cabalgando un caballito de mar o una estrella.

Quiero unirme a ella, al Alma del Mar, a ti. Nadé y nadé, no sé cuánto tiempo aunque no más de lo que me ha tocado sufrir por tu ausencia. Cuando me cansé, dejé que mi cuerpo se hundiera como una piedra abandonándome por la sensación dolorosa y terriblemente familiar de ahogarse. No era nada comparado con la idea de no poder respirar por el dolor que me produce el estar viva sin ti. 

El sol pegaba contra mis pupilas y quemándome el rostro, lo que me hizo temer casi al instante haber ido a parar al Infierno. Con algo de esperanza, soñé que esa luz era el túnel al Más Allá. Resultó ser que estaba en la orilla. Con vida porque el mar me había rechazado. Me inundó la confusión y el odio por el mero hecho de haber perdido dos veces la oportunidad de estar contigo en ese indescriptible azul. 

Alguien una vez dijo que nuestras vidas son los ríos que van a parar a la mar, que es la muerte. Y así como una vez entendí que es el amor de la mano de alguien que amé y que sigo amando, hoy contemplando lo imposible de medir y de calcular que es esta parte tan indómita de la naturaleza, puedo comprender que tú eres uno con el mar y que no me has rechazado. Simplemente me has enseñado la sútil línea del horizonte y que he de esperar a cruzarla. No por los caprichos de las olas, sino porque cuando llegue el momento me reuniré contigo surcando aquel Cielo más allá de los cielos donde seguramente estás nadando en amor.

Primero que nada, aclaro que no estoy de acuerdo ni con bañarse en la playa a altas horas de la noche, ni con el suicidio. Esto es producto de muchas información loca que he asimilado en las últimas 24 h. y que puede que me hayan quitado un 1% de cordura...

Diálogo interno:

Anairo lógica: ¿No es que ibas por el 0,5 %?
Anairo incoherente: Subí tres puntos una vez que me puse a estudiar algo de Literatura Universal...JOJOJO
A. lógica: Neh, sigues igual que siempre...
A. incoherente: ¿Y vos sos Dios?
A. lógica: ¡YA! ¿Te vas a pasar TODO el verano en ese plan? ¡Supéralo!
A. incoherente: Bueno, chau...JOJOJO

Mmm, lo que me han hecho los "genialosos" episodios de Alejo y Valentina. Yo lo creía superado, pero resulta que lo vi de nuevo y caí en las garras de Carlitox y su eterno "jojójo" o cómo sea. La prueba número uno de me voy a ir al Infierno, es que se lo mostré a más gente para que quede traumada.

Besos.