domingo, 4 de julio de 2010

Vivre



Vas cansado en el auto, en la parte trasera, y volteas hacia el atardecer de una maravilloso jornada. Observas el cielo a través de la ventana, te maravillas con el naranja, el amarillo, el rosa y el azul. Sientes aquel momento de relajación, el aire del camino, y la sensación de que puedes tocar los árboles con solo estirar tus dedos. Podría ser el mismo amanecer en cualquier otro lado del mundo. Pero te entra la melancolía porque sabes que es ese momento, en un día único y que nada del mundo podrá cambiarlo. No se repetirá jamás, porque es casi imposible que vuelvan a coincidir las mismas personas en ese auto, el cielo tan perfecto, el relajo. Sacas la cámara y lo capturas con ella, aunque ya lo hiciste en tus recuerdos. Es un día que no perecerá porque está dentro de ti, y lo atesorarás. Sientes el viento, la infinita calma, las lágrimas de felicidad. Eres feliz por contemplar algo tan simple y complicada a la vez,es algo natural convertido en milagro.

Ahora contemplas esa foto porque acaba de pasar algo que te dio la misma sensación:

Escuchas el canto a lo lejos de un pájaro y te asomas por la ventana para verlo. No lo encuentras, pero escuchas su melodía y admiras el jardín. Ves las flores de una tonalidad que llamas "mágica" porque cualquier otro nombre lo haría parecer muy humano, y ves unas hojas que se estiran en el primer piso. Las tocas, "sientes el verde", y la frase no tiene sentido para tu mente lógica y sí para tu corazón. Sientes todo lo hermoso y maravilloso. Piensas que el canto de un pájaro, la textura de una hoja, el color de esas flores y el lejano recuerdo del atardecer son los sentimientos profundos del mundo y que se manifiestan tan simples, bellos y efímeros.

El ave se calla, te retiras de la ventana, y dejas de mirar la foto. Te preguntas cuántos momentos simples y maravillosos te has perdido por estar sumergido en pensamientos y reflexiones que te hacen infeliz. Te prometes que recordarás sensaciones mágicas como esa cada vez que tengas un mal día.

Y luego escribes esto, porque quieres que los demás sepan que has encontrado un pensamiento profundo en un dibujo animado tonto y bizarro. Y piensas insistentemente en que:

"...el ser humano depende demasiado de la felicidad..."

Y que seríamos menos complicados si no sintiéramos nada. Pero entonces perderíamos momentos como estos. Y así, la vida sí que no tendría sentido.