domingo, 20 de junio de 2010

Alice In Nightmareland: Capítulo 4: El Jucio de los Cristales Rotos por Anairo

Alice in Nightmareland
según Anairo

"El Juicio de los Cristales Rotos"

Ya no sabía cuánto tiempo había pasado. Los días y las noches, meses y años, todo parecía lo mismo en aquel lugar que podía encontrarse en cualquier lado del mundo: una habitación oscura, sin nada más que aquella profunda negrura. Alice se sentía en un pozo negro, sin fondo, por el que veía una pesadilla repetirse una y otra vez: unas cartas abalanzándose sobre ella, luego se veía blandiendo el abrecartas con que solía cortarse, asestaba unos cuantos buenos golpes y después todas la sometían, la arrastraban por los cabellos y la encarcelaban.


Mientras ella intentaba convencerse de no vomitar, la puerta se abrió. Un cortejo trajo a la sala a dos personas que hicieron que a Alice se le parara el corazón: Israel y Alexandra. Ambos vestían el uniforme de los internos en Blackwood. No. Al menos eso creyó ver ella antes de que segundos después contemplara atónita el increíble cambio: Alexa- como solía llamarla- se prendió en llamas en un instante. No se consumía, ni lloraba ni gritaba. De hecho, vio su característico brillo pícaro en los ojos y la sonrisa burlona, a la par que daba saltitos alegres. Su cabello parecía una mortífera llamarada y la hoguera viviente que era su anterior amiga- y amante- pareció aumentar la temperatura de la sala. En cuanto a Israel, con solo verlo Alice recordó porqué había ingresado a Blackwood: en su cuello tenía amarrado una soga y en sus muñecas y cuello veía brillar con el fulgor de un diamante las cicatrices de sus intentos de suicidio.

Scrying. Bola de Cristal. Adelantarse al presente y ver el futuro, o sumergirse en las oscuras aguas del pasado. Ninguna de las dos opciones. En su mente se formó una pequeña canción, en un extraño idioma que, de alguna manera, Alice lograba comprender:



Por más que tan extraña canción no tuviera sentido en su mente, supo el significado. Si gritaba Scrying todos espejos, copas, ventanas y objetos de vidrio…reventarían. Y tendría, o al menos eso creía, la posibilidad de matarlos a todos y huir porque “La Gran Bola de Cristal” se refería a que ella no correría peligro, tendría un “escudo” formado por los cristales rotos. Era un plan estúpido, comenzando porque nada le aseguraba que morirían o no –incluyéndose ella- y, en caso de que lo hicieran, abría todo un ejército de cartas esperando por ella. Además, no sabía cómo ni adónde escapar. Pero Alice prefería morir a volver a ser encerrada y usada como el juguete sexual de otros enfermos infinitamente más peligrosos que los de Blackwood. Y por supuesto, siempre había querido matar a las criaturas de los espejos. Ésta era su única oportunidad. Y más