viernes, 12 de febrero de 2010

Todo comenzó con un sueño.

Encontré a la Musa en un sueño, y desde entonces escribo. Vino a mí en forma de ángel herido, demonio enfurecido y pálido ser de cabellos dorados, corriendo por un bosque monótono y oscuro. Angustiada por su huida, por sus pasos de gacela, por sus lágrimas de mejillas enrojecidas; la perseguí durante horas, y a medida que me introducía más entre musgos, observaba los helechos y sentía el olor a humedad y tierra, me entró tanto frío que creí fenecer agotada en ese ir y venir de un camino a penas delineado por sus pisadas.

Sin embargo, en algún momento, alcanzamos un claro. La Musa observó el cielo, y este  se oscureció, casi como si un manto grueso de sombras cayera cual sábana encima de los árboles, hasta que repentinamente brilló un aro perfecto de luz: deslumbrante y única.

Estaba mirando directamente al Sol Negro.

Desde entonces, mi vida quedó ligada para siempre a la Musa, al Sol Negro, a la escritura y a las sombras.Desde entonces soy Anairo, y aquí está es la historia de cómo empecé a escribir, y  el porqué porto un collar que simboliza a la eclipse de sol o la razón por la cual me llevo tan bien con la noche. Desde entonces, soy esclava de mi inspiración y ama de estas manos que me obligan a vivir mi vida como si fuera un lienzo incompleto, y me corresponde terminarla.